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Título Noticia
18-08-2010

Un repaso y la cuenta (Publicado en El Comercio el día 16/08/10)

Un repaso y la cuenta

(Este artículo está escrito por un aficionado a la Historia por lo que pido la benevolencia de doctores, licenciados, profesores y personas en general, con mayor autoridad que la mía en esta materia)

Cuando los íberos cruzamos, como hayamos podido, lo que hoy conocemos como Estrecho de Gibraltar nos encontramos en la “piel de toro” con unos pueblos preexistentes. Más tarde, cuando los celtas cruzamos los Pirineos, en este suelo estábamos mezclados ya, supongo que tras trifulcas, abusos de los más poderosos, fatigas y demás males mayores y menores.

Pues bien; los celtas también nos mezclamos y supongo que hubo algo más que carantoñas y aquello devino en el pueblo llamado “celtíbero”. Para entonces ya tres sangres diferentes como mínimo estaban mezcladas.

En esas estábamos, cuando aparecemos ¿qué tendrá esta tierra? los fenicios, a los que les gustaba el comercio, el negocio y tal. Parece ser que no se mataban mucho por colonizar, sino por comprar y vender en lugares ya poblados. Doy fe de que se mezclaron, pues conozco a alguno que lleva dicha sangre a día de hoy… A lo que se ve, en mayor medida que las otras; otro pueblo que aporta aquí y van cuatro….

Los siguientes en llegar fuimos los griegos; una civilización “civilizada” que de nuevo se mezcla con los existentes. Van cinco.

Advinimos más tarde los cartagineses y no consta que hayamos aniquilado a los preexistentes en suelo patrio; antes al contrario, acabamos mezclándonos una vez más. Insisto; supongo que nada fue así por las buenas y que cada vez que llegábamos unos, tendríamos las nuestras con los que ya estábamos. Y van seis mezclas de sangre. ¡Por lo menos!

Del pueblo romano ¿qué quieren que les diga? Que aquí llegamos con banda y toda la pesca y ¡hombre!, al principio no nos “mecimos” mucho que se diga. Incluso hubo rincones a los que no pudimos entrar. De ahí que un venerable amigo mío diga que esos lugares “irredentos” (por aquello de que la civilización vino por Roma) permanezcan sin “civilizar”. Pero fíjense si entramos los romanos, que aún hoy sigue vigente su “Derecho” entre otras cosas y sobre todo la raíz de nuestra Lengua. Si no me equivoco, van siete sangres mezcladas a pesar de que para esta fecha, ya hay guerras y batallas bien documentadas.

Como todo cenit tiene su ocaso, tanta civilización era demasiado; cuando Roma dejó de tener “proyectos para hacer mañana” en palabras de Ortega y Gasset, sucumbió; así que vinimos aquí un pueblo llamado “bárbaro” a destrozarlo todo, pero sin aniquilaciones, o eso nos dijeron. Ya tenemos la octava sangre en liza corriendo por nuestras venas. De daños directos y colaterales ya hablaremos; mas estos bárbaros no teníamos “limpieza” total de sangre, pues eran suevos, alanos, etc…; o sea, mezclados a su vez…

Tras esta invasión llegamos los visigodos que aportamos la novena sangre y sin solución de continuidad entramos en liza los moros y árabes. ¿Y los judíos? También los judíos. Ellos probablemente estaban aquí, esperándonos a todos cuantos vinimos…

Si no perdí la cuenta, van once sangres distintas sin que nadie pueda desmentir que todas estén “meradas”.

Nos mezclamos todos con todos y no consta que haya habido extinciones de razas por tal motivo.

Con el tiempo también se produjeron expulsiones raciales por designios reales, pero la sangre ya repartida nunca más se fue. Por eso escribió alguien tiempo atrás que somos “lo que queda en el camino después del paso de una manada de caballos al galope”.

Obsérvese que el que esto escribe, vino con todos. Yo soy todos. Pero en otras latitudes pasó tres cuartos de lo mismo, si bien esta Península ha sido sin duda cruce de caminos, encrucijada…

Visitando las ruinas mayas en la Península del Yucatán , el guía –doctor en Historia- nos explicaba el ocaso de unas civilizaciones a la vez que el resurgimiento o llegada de otras, así como someramente los usos y costumbres de unas y otras, incluso la aniquilación de la clase dominante “reinante” por parte de la que llegaba.

Yo, que andaba con la mosca tras la oreja, pues un día antes habíamos estado en una joyería y ante mi pregunta de que si sólo tenían oro de 14 kilates, la joyera me había contestado: “Si mijo; los españoles nos llevaron todo lo de 18”, inquirí al guía sobre el supuesto desdén de los mejicanos hacia los españoles.

Éste me contestó que la cosa iba por “rachas”, dependiendo del mensaje “institucional” de cada momento. Y ciertamente, el gobierno mejicano de turno, se las tenía con el de España en aquel entonces.

Dijo sin embargo al hilo de la explicación de cómo los mayas acabaron sus días, que una civilización se acababa o sucumbía a manos siempre de una “raza superior” en muchos aspectos; que las castas poderosas en declive eran las que perdían todo el poder y la vida (también el ejército), pero el pueblo llano (no el militar) sino el trabajador, el agricultor, etc... no se enteraba de lo que pasaba. Lo que comúnmente se dice: “Los mismos perros con distinto collar”. Para el pueblo llano que vivía de la tierra, lo suyo era seguir trabajándola, al margen de los movimientos en la cúspide del Estado, al que le pagaban en cualquier circunstancia sus impuestos, independientemente de la casta gobernante.

Por lo demás, en cualquier parte del mundo por donde me he movido, he podido constatar –aparte la anécdota de la joyera de Cancún- el gran aprecio que sienten por España.
Da igual oriente que occidente, norte que sur. Especialmente los pueblos hispano-americanos, cuyas gentes, sin distinción de edades, se enorgullecen hablando y refiriéndose a la “MADRE PATRIA” con un furor digno de mayor encomio.

Hoy se alzan algunas voces desde dentro incluso, reclamando “indemnizaciones” para aquellos pueblos que fueron conquistados por nosotros, aduciendo que todo fue quimera, destrucción y saqueo. O sea, nada positivo les hemos llevado. Fuimos los peores de toda la humanidad desde que ésta existe…

Mientras que todos los que aquí hemos venido, trajimos, los que fuimos de aquí nada les hemos aportado; solo muerte, miseria, desolación y explotación. Ni la que lleva por lema “Limpia, fija y da esplendor” ha valido la pena…

Uno comprueba con estupor, cómo algunos defienden esa “Liquidación de cuentas pendientes”, a la vez que apoyan el supuesto derecho del Islam a volver a “su” tierra Andalusí por derecho propio. Lo nuestro ha sido un “despropósito” de principio a fin, mientras lo de los demás, era beneficio y dadivosidad…

¿Qué hacemos ahora los que probablemente llevemos como mínimo, docena y media de sangres mezcladas?¿Quien nos resarce?¿Cuál de las sangres inmoladas o aniquiladas tendrá más valor?

Y sobre todo: ¿A quién le cantamos las cuarenta y a quién le pasamos la cuenta?


Fdo. Manuel Nevares
Ingeniero Técnico

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