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Título Noticias

Julio 2017
Nuestro Penúltimo héroe (Publicado en El Comercio el día 10/07/17)

Julio 2017
Publicación en el BOE del II Convenio Estatal del Metal

Mayo 2017
Un Tal Pelayo... (Publicado en El Comercio el día 30/05/17)

Marzo 2016
Escuela Politécnica de Ingeniería de ‪#‎Gijón incorporación a su Sociedad de Partners

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Título Noticia
30-05-2017

Un Tal Pelayo... (Publicado en El Comercio el día 30/05/17)

Un tal Pelayo….

No había salido aún del asombro después de haber leído a una tal Ángeles Caso, dolerse de que en la nueva Gramática y Literatura oficial de bachillerato, sólo mentaban a dos mujeres dignas del parnaso y – añado yo – ambas gallegas: una tal Rosalía y la otra una tal Pardo Bazán. Nadie más, ni antes ni después. Los varones no salían mejor parados “¡Ahí me allego!” Como exclaman en la tierra solar de su difunto padre, me atrevo a decir, si no fuera pecado, un tal José Miguel Caso; el hombre que más sabía de un tal Jovellanos.

Pasmado estaba cuando leo en la última del más que Centenario, el otro día, que un libro de texto de 2º de bachillerato menta a “un tal Pelayo” hablando o refiriéndose a la historia de una tal España de ¡La Edad Media! No del Pleistoceno. ¡ca! Están refiriéndose al Siglo VIII.

He quedado congelado…. Como congelada estaba la imagen del texto donde podía leerse, copia del libro de una tal editorial Akal, a cuyos autores desconozco, aunque intuyo que los tendrá, además de colaboradores, asesores y todo lo que una editorial seria precisa. La historia de España en mi tiempo de Bachiller, no trata con ese desdén ni al enemigo.

La frase no es nueva ¡qué va! Allá por el año 1995 un tal Arzalluz, a la sazón mandamás de un tal PNV de un tal País Vasco despotricaba con ocasión de que una tal Santa Sede promulgase un nombramiento diciendo: “Han nombrado obispo de Bilbao a un tal Blázquez.” Lo decía con aquel rictus que ponía en casi todas las declaraciones que hacía que era lo mismo que el que está oliendo agua sulfhídrica. Él, que en su “otra vida” había hecho voto de especial obediencia a un tal Papa, dicho sea, con perdón.

Me recuerda asimismo aquel “Gil y Gil y tal y tal”; y a Álvaro de la Iglesia, en “Yo soy fulana de tal”

“Un tal Pelayo…” ¡Jamás imaginé que antepusieran a Don Pelayo tamaño título: “Un tal…”
La banalización de nuestra historia la pagaremos cara – la de los demás ¿ha sido distinta? - ¿Nuestra historia es mentira y la del prójimo, verdad?

Nuestros mitos han podido ser de carne y hueso, o no; nuestra historia – por cierto, bien regada de sangre – habrá tenido o tendrá detalles novelescos, legendarios, de cubrir huecos en el relato hilado, entre lo que digo y lo que escribo; entre el deseo y la realidad. Pero, ¿acaso es diferente en su origen y su etiología a cualquier otra historia de una nación? Ítem más: ¿Cuántas naciones que en el mundo son, tienen una historia para bien y para mal con el bagaje de la nuestra? ¡Estamos tontos! No solo estamos, sino que ¡Somos tontos!

Un tal Ortega y Gasset lo dejó dicho en “España invertebrada” lo que es una nación: “Un proyecto sugestivo de vida en común. No conviven por estar juntos, sino para hacer juntos algo”.

Un tal Antonio Machado ha dejado escritos versos estremecedores a propósito de nuestra tierra, de nuestras tierras que tan bien definió, así como de nuestro paisanaje, por ejemplo en “La Tierra de Alvargonzález”. Se trata de que todo se vaya depauperando. Cuanto peor, mejor. De deshacer en vez de crear, de malmeter en vez de convivir. Y ¿a quién conviene? A los enemigos de España, que los tiene y por legiones.

A nuestros jóvenes – nuestro futuro – que todo el mundo dice que son los mejor preparados de la historia de una tal España, habrá cosas que no les suene ni por asomo. “Es información que está en cualquier “sitio”, dirán; pero olvidamos que la información procede de una formación y no al revés. En pocas palabras: El país que olvida su historia, incluso a sus mitos, alguien dijo que se vería obligado a repetirla. ¡Pues como para repetir la historia de una tal España!

El ninguneo no traerá nada bueno y uno no sabe bien a qué obedece todo esto; si es ignorancia sería muy grave; si es indolencia, pasotismo, sería peor. Si es “a conciencia” no sería menos grave, pero sí estúpido porque a nadie beneficia. O quien sabe… a lo mejor beneficia a algún fulano de tal….

Tenemos el deber y la obligación de querer a esta nación llamada España, defender su historia y a trabajar por ella: Porque la hemos heredado de unos padres que trabajaron en ella, por ella y por nosotros. Y nosotros no seremos buenos hijos si no lo continuamos.

Son tiempos de tribulación; tiempos en que parece que todo esté a punto de “Se acabar e consumir”; pero el pueblo, la gente, que una nación no es más que eso: gente, no puede perder la esperanza en sí misma. Una patria no fracasa mientras exista en nuestras mentes nuestro sentido del deber, de la Patria y del honor.

Cuando estudiábamos a la llamada “Generación del 98” se decía de ellos que destilaban todos a través de sus escritos un pesimismo enfermizo, que lógicamente contagiaban, fruto de una nación en descomposición, del fin del Imperio; fuimos saliendo y entrando, entrando y saliendo… Como la propia vida.

La historia de cualquier nación hay que verla con los ojos de cada periodo, de cada era, de cada tiempo.

Así que sólo somos críticos destructivos, así la mostramos adoptando como reales y nuestras, genuinamente nuestras, todas las leyendas negras que el enemigo se encargó de forjar en detrimento nuestro y a su mayor gloria. Y nosotros vamos y nos lo creemos a pies juntillas. Nosotros todo lo peor, ellos, el resto, lo mejor. ¡Hombre, eso es sencillamente imposible en los humanos! Algo de bueno habrá en nosotros. ¿No ha de haber un solo justo?

Mas, es demoledor que, por disputas políticas, por partidismos, nos hagamos daño nosotros mismos. Históricamente ha habido naciones que nos odiaron. ¿Por qué? Por ser superiores. Y nos intentaron destruir y lo consiguieron a veces. ¡Otras, no!

Propongo un rearme moral, por encima de todo ¡seamos españoles, somos españoles! “Un tal Pelayo…” ¡Ahí me allego! Exclamamos cuando algo nos parece increíble o desmedido, en la comarca de una tal Covadonga y aledaños, cuna de una tal España, donde un día sentó sus reales el primer rey de una tal Asturias, cuna de España, pese a quien le pese.

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